El otro yo“A mi lado sin pausa el Demonio se agita;
A mi lado flota como el aire impalpable;
Lo bebo y siento cómo abrasa mis pulmones
ahogándome en un deseo culpable y eterno.
Toma, a veces, pues sabe de mi amor por el Arte,
la apariencia de la mujer más seductora,
y acudiendo a especiosos pretextos cobardes,
acostumbra mis labios a sus depravados hechizos.”
(Fragmento)
Charles Pierre Baudelaire.
He estado perdido en un bosque nublado…
No había querido despertar sino cuando fue demasiado tarde, y todo, absolutamente todo lo que se hallaba a mi alrededor solo era oscuridad…. Hasta que encendieron la luz y quede aturdido por su proximidad y ellos me obligaron a contar la historia, hasta donde la conocía de los hechos que me llevaron hasta ese lugar, culpable y desquiciado.
¿Qué iba a decir? Ya había perdido todo aquello que me había sacado de la rutina… quizás demasiado fuera de ella... Uno de ellos interrumpió mi pensamiento caótico para referirse a mí con pesadumbre.
- ¿Eso fue antes, o después de matarla? – Preguntó, sin remordimientos… já, como si acaso él pudiera tener remordimientos… el no fue quien la mató.
- ¿De qué habla? – Pregunté, quería vomitar, la cabeza me daba vueltas desde el momento en que recordé a Marié.
- Hablo de Isabella Ovalle…
- ¿Quién? – Pregunté de vuelta, estaba aturdido.
- Su hermana, ella está muerta, conseguimos sus huellas en la barandilla… sabemos de qué trata – Dijo el detective dándole un sonoro golpe a la mesa, que me desorientó en demasía. – ¡Usted se tiraba a su hermana, cuando se cansó de ella se tiró a la menor! ¿No es así? Las mató a ambas por sexo.
- No sé de qué me habla – Le dije de vuelta, mirándolo fijamente.
El detective me miró claramente encolerizado, pronto perdería los cabales. Sin embargo, no mentía, ¿de quién me hablaba? Ovalle… ¿Marié tenía hermana? Seguramente lo dije en voz alta.
- ¡Sí! ¡Tenía hermana! ¡La lanzó desde el piso 30! – Y me lanzó una carpeta... era ella, la pelirroja suicida… era la hermana de Marié…pero…
- Yo no la conocí – Dije, y entonces golpeó mi mandíbula fuertemente.
- ¡A ver si eso te ayuda a recordar!
- Lo siento pero…
Otro golpe. Y lo vi claro.
Si la conocía, Isabella… ¿cómo no conocerla? Me dolía terriblemente la cabeza, alguien susurró, esa sombra…estaba buena ¿verdad? Cuando subía, cuando bajaba…cuando te mordía la oreja. Me perturbó la fotografía y la lancé lejos.
- ¡Usted se ha inventado una bonita historia serñor Hall! ¡Aparentemente no recuerda nada de lo que en verdad hizo! Es interesante como puede transformar la realidad en su desquiciada mente para mantenerlo a su favor… - Me susurró amenazadoramente… él, era Marcus, era su primo… el detective, al que nunca le caí bien. Ahora comprendía por qué nunca le caí bien, resulté un asesino.
- Yo sólo maté a Marié y te dije porqué – Le respondí esperando otro golpe el cual no llegó a mi rostro, sino que impactó en la mesa.
- ¡Las mataste a todas!, a Patricia Lokwell, y a Isabella y Marié Ovalle no necesito más pruebas, has confesado tu solo…. – Dijo, y continuó. – Eras un fracasado drogadicto, un trastornado, quisiste ganarte algo de dinero por el trabajo de otros, y ¡bam! Matas a Patricia Lokwell por sus obras, por tu envidia...en la universidad, ¿recuerdas? Se te hizo fácil, no era la primera persona que matabas, después de tus padres – Hizo una pausa para observar mi reacción yo me hallaba en shock- , robas una, cambias nombres, escenas… creíste que no te descubrirían, que no podían conectar lo uno con lo otro…pero yo sabía qué clase de sabandija eras antes de que te pudieras acercar lo suficiente a mi Isabella y hacerle cambiar de opinión, de que esa obra era tuya…porque ella sabia la verdad ¡ella trabajaba con la editorial después de todo! – Dijo, con un brillo frenético, él también parecía haber sufrido. – Pero no te bastó, te gustó su hermana…la buscaste, y cuando la consigues, decides que es mejor matarla también… tus retratos, sucio, fueron los que te descubrieron... en el último, dejaste caer una lágrima...
Escuché la historia en silencio, mi corazón daba claros indicios de querer explotar por el esfuerzo en bombear. Sin embargo, no recordaba las cosas como él las decía, claramente para mí eso no tenía ningún significado a pesar de que me sentía ligeramente identificado. Creo que rodé de la silla. Y pensé, que quizás, seguramente estaba borracho, tirado en la calle, era una pesadilla.
- …¡TE PUDRIRÁS EN LA CÁRCEL, MALDITO! - Dijo, antes de que se lo llevaran, yo estaba tumbado en el suelo, sentía algo tibio caer por mi boca.
Yo sin embargo escuchaba su voz susurrándome… la sombra que me perturbaba en sueños, en realidades…y justo ahora. Devoraba mi mente, succionándome los sesos por un pitillo a través de mis oidos, perdiéndome en recuerdos, de minutos y horas…de días, como en un bosque nublado… yo no recordaba nada de lo que había dicho, y sin embargo parecía entender de que fueron verdad. Era irónico. Estaba riendo…pero me alejaba, absorbido por un túnel, como Alicia, cayendo, y él tomaba mi lugar. Christian Hall fue una pantalla, en mí interior seguía habitando aquel monstruo, me había dominado y engañado.
Pronto, yo dejé de ser Christian Hall, la sombra maldita me había poseído.